Dominatrix World

Guía

Qué es una dominatrix en realidad

Mujeres dominantes en directo

Ver todas

Una dominatrix (también dómina; como título, Ama) es una mujer que asume el papel dominante en el BDSM de común acuerdo y, a menudo, a cambio de dinero. La palabra es antigua, la profesión lo es todavía más, y la versión que te encontrarás en una webcam queda a medio camino entre las dos. Aquí repasamos de dónde viene todo, y qué incluye el trabajo y qué deja fuera.

De dónde viene la palabra

«Dominatrix» es una palabra latina: el femenino de dominator, que significa «gobernante» o «señor». Durante siglos quiso decir exactamente eso, una mujer que gobierna, sin nada de sexual. El artículo de Wikipedia sobre dominatrix (en inglés) rastrea hasta 1561, como mínimo, los usos ingleses de la palabra con ese sentido llano.

Los diccionarios de inglés incluyen hoy los dos sentidos. La entrada de Wiktionary sobre dominatrix (en inglés) pone en primer lugar «una mujer dominante» y en segundo lugar «una mujer dominante en prácticas sadomasoquistas» (en nuestra traducción de sus definiciones), y da dominatrices o dominatrixes como plural. En el inglés de todos los días, el segundo sentido se ha tragado casi por completo al primero.

El sentido que todo el mundo conoce hoy es mucho más reciente. El primer uso registrado en inglés de la palabra para designar a una mujer dominante en el sadomasoquismo data de 1961, en un libro de bolsillo pulp titulado The Bizarre Lovemakers. Obras posteriores la llevaron al gran público, entre ellas un libro de 1968 que se titulaba sencillamente Dominatrix y la película de 1976 Dominatrix Without Mercy.

Breve historia de la dominación profesional

El trabajo existía mucho antes de la palabra moderna. En el Londres del siglo XIX, la disciplina era un oficio con locales propios. Para la década de 1840 se había documentado la existencia de al menos veinte establecimientos conocidos como «casas de disciplina», y todos vivían de la flagelación.

La profesional más famosa fue Theresa Berkley, que regentaba su casa en el número 28 de Charlotte Street, en Marylebone. Azotaba a clientes de ambos sexos con látigos, varas y ramas de abedul, e inventó el Berkley Horse (el «caballo de Berkley»), un aparato de flagelación que, según se cuenta, le hizo ganar una fortuna. Murió en 1836. Se decía que su patrimonio valía unas 100 000 libras esterlinas, aunque esa cifra descansa en una sola fuente, y se cree que su correspondencia con clientes aristócratas fue destruida.

El atuendo de dominatrix llegó mucho después. Los monos ajustados de cuero, las garras y el látex solo se convirtieron en el uniforme en el siglo XX, a través de la fotografía fetichista comercial. Los clientes de Berkley no habrían reconocido ese aspecto.

Un trono gótico negro y ornamentado, con terciopelo carmesí, en una sala de piedra a la luz de las velas
El trono es sobre todo un invento de fotógrafos. La autoridad que representa, no.

¿Importa si se dice dominatrix, dómina o Ama?

Casi siempre es cuestión de preferencia. Verás estas palabras:

La distinción más útil es otra: la que separa a las profesionales de las no profesionales. Una dominatrix profesional cobra por sus sesiones. Una dominante no profesional practica el BDSM en sus relaciones privadas y no cobra. Las modelos webcam pueden ser de un tipo o del otro, y muchas son un poco de ambos.

Lo que no es una dominatrix

Conviene desmontar unos cuantos mitos. Una dominatrix no es, sin más, una mujer mandona en su día a día: la palabra describe un papel que se asume de común acuerdo, normalmente durante un tiempo determinado. Tampoco es una trabajadora sexual en el sentido habitual, ya que las profesionales suelen dejar el sexo fuera de las sesiones por completo. Y no es una mujer que odia a los hombres y va por ahí con un látigo. Las buenas son atentas e incluso se preocupan por quien tienen delante, porque no se puede llevar a alguien más allá de su zona de confort de forma segura sin estar muy pendiente de esa persona.

El atuendo tampoco la define. El cuero, el látex y las botas hasta el muslo son el uniforme que todo el mundo reconoce, pero muchas dominatrices excelentes trabajan con un sencillo vestido negro o con jeans, y se apoyan en la voz y en la presencia. Si quieres conocer la historia de ese aspecto, nuestra guía del atuendo de dominatrix (en inglés) la recorre desde las revistas fetichistas de la década de 1950 hasta hoy.

Lo que hace una profesional y lo que no

La gente suele sorprenderse de lo que queda fuera. Las dominatrices profesionales, por lo general, ni tienen sexo con los clientes, ni se desnudan delante de ellos, ni les dejan tocarlas. El servicio es la dominación en sí: bondage, azotes y otros juegos de impacto (impact play), juegos de rol, humillación verbal y las muchas formas de adoración, desde los pies hasta las botas y la mujer en su conjunto.

Ese límite forma parte del atractivo. Tener el control significa que es ella quien decide lo que ocurre, incluido lo que nunca ocurrirá.

En qué consiste una sesión

Una sesión profesional sigue un esquema que sorprende a los primerizos por lo mucho que se habla. Empieza con la negociación (el acuerdo previo): lo que te interesa, lo que queda fuera de límites, cualquier problema de salud y una palabra de seguridad (safeword). Después viene la escena propiamente dicha, que dirige ella, y por último un rato para volver a la calma, en el que ella comprueba que estás bien antes de que te vayas. Es en la negociación donde de verdad se decide la sesión.

El contenido depende de las especialidades de ella y de las tuyas. Entre los temas habituales figuran el protocolo y las normas, el bondage, los juegos de impacto, los juegos de rol, la humillación verbal, la castidad, la adoración de pies y de botas, y la dominación financiera. Muchos clientes buscan algo más suave que el estereotipo: que alguien que se lo toma en serio les diga lo que tienen que hacer durante una hora.

La ley sobre la dominación a cambio de dinero varía de un lugar a otro y a menudo no está clara, y esa es una de las razones por las que las profesionales mantienen el sexo fuera de las sesiones y cuidan cómo se anuncian. Si vas a reservar una sesión en persona, sea donde sea, conviene tenerlo presente; en un sitio de cams se aplican las normas de la plataforma.

Las dominatrices en la cultura pop

Es una figura que está por todas partes en cuanto empiezas a fijarte. La comedia de Netflix Bonding, estrenada el 24 de abril de 2019, seguía a una estudiante de posgrado que trabajaba como dominatrix en Nueva York. La creó Rightor Doyle, que se inspiró en su propia etapa como asistente y guardaespaldas de una dominatrix. Dominatrices en activo tacharon de poco realista la primera temporada, y la segunda cambió de rumbo en respuesta, según informó Variety en 2021.

Las trayectorias reales también aparecen en sitios inesperados. La actriz Julia Fox, de Uncut Gems, ha explicado que trabajó como dominatrix desde los 18 años hasta los veintipocos, algo que recogió Vice cuando se hizo famosa. El interés en las búsquedas confirma cuánto se pregunta el público por este trabajo: las preguntas que la gente asocia con más frecuencia a la palabra son, sencillamente, qué significa y qué hace una dominatrix.

Cómo se encuentra hoy a una dominatrix

En persona, la mayoría de las profesionales trabajan con cita previa, se anuncian en sus propias páginas web o en directorios especializados y piden a los clientes nuevos que, antes de nada, completen un formulario de reserva. Muchas piden un anticipo, que se paga a través de su propio sistema de reservas. Desconfía de quien te pida tarjetas de regalo o criptomonedas por adelantado sin haberte hecho antes ni una sola pregunta sobre tus límites. Eso es un patrón de estafa, no un proceso de reserva.

En internet, los sitios de cams son la vía más sencilla. Puedes mirar gratis, elegir a alguien cuyo estilo te encaje y pagar solo los minutos que uses. Esa es la versión que cubre este sitio, y la franja que aparece al principio de esta página muestra quién está en directo ahora mismo.

Dónde encaja la dominación por cam

Una webcam cambia por completo la mecánica. Ella no puede tocarte, atarte ni golpearte, así que todo pasa por su voz, su presencia y tu obediencia. Tú ejecutas; ella observa, da instrucciones y juzga. Algunos estilos casi no pierden nada al pasar a la cámara, sobre todo la humillación verbal y el JOI (instrucciones para masturbarse). Otros se convierten en algo nuevo, como el bondage, en el que las ataduras las aplicas tú, siguiendo sus órdenes.

También cambia la parte económica. En lugar de una hora reservada en una mazmorra, pagas por minutos, puedes irte cuando quieras y puedes ver trabajar a una docena de mujeres en el chat gratuito (la sala pública) antes de elegir. Si ese tipo de dominio es lo tuyo, la guía de la primera sesión te lleva desde mirar hasta tu primer show privado, y la página En directo muestra quiénes están conectadas ahora mismo.

Para seguir con el tema, lee nuestras guías sobre cuánto cuesta una dominatrix y sobre qué es femdom. Si lees inglés, también tenemos guías sobre los tipos de dominatrix (en inglés) y sobre cómo convertirse en dominatrix (en inglés).

Respuestas rápidas

¿Qué es una dominatrix?

Una mujer que asume el papel dominante en el BDSM de común acuerdo y, a menudo, a cambio de dinero. La palabra es latina y significa «mujer que gobierna»; en inglés, su sentido dentro del BDSM data de la década de 1960.

¿Qué hace una dominatrix?

Dirige sesiones basadas en el control: normas, juegos de rol, bondage, juegos de impacto, humillación verbal y adoración. Por cam, todo pasa por su voz y por tu obediencia.

¿Las dominatrices tienen sexo con los clientes?

Las profesionales, por lo general, no. Nada de sexo, nada de desnudez y nada de tocarla son las reglas habituales, y ese límite forma parte de lo que pagan los clientes.

¿Cuál es la diferencia entre dominatrix, dómina y Ama?

Casi siempre es cuestión de preferencia. Dominatrix es la palabra formal, que se usa a menudo para las profesionales; dómina es la otra forma que se usa en español, y Ama es el tratamiento habitual. La distinción que sí importa es otra: la profesional cobra por sus sesiones y la no profesional no cobra.